El tiempo que abre el asombro

El asombro detiene, la consideración abre tiempo y el discernimiento empieza a relacionar. Una primera exploración de la mirada que alimenta The Tailoring Approach.

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Manuel Morales · Laboratorio relacional entre carbono y silicio

Hay cosas que nos hacen detenernos antes de que sepamos explicar por qué.

Un movimiento. Una frase. Una herramienta dispuesta de cierta manera. Alguien que realiza una tarea conocida mediante una secuencia que nunca habíamos considerado.

Algo atrae nuestra atención y le concedemos tiempo. No hemos decidido estudiarlo ni sabemos todavía si aquello tendrá alguna utilidad. Simplemente seguimos mirando.

Durante esa pausa comienza una actividad que puede pasar inadvertida desde fuera. Mientras el cuerpo permanece quieto, el discernimiento se mueve. Aparecen preguntas, se aproximan recuerdos, se ensayan posibles relaciones. ¿Por qué lo hace así? ¿Qué depende de ese movimiento? ¿Qué cambiaría si aquello estuviera dispuesto de otra manera?

El asombro ha interrumpido lo habitual y abierto un espacio para considerar.

Quizá por eso resulte fértil esta invitación: ser rápido en asombrarse y lento en juzgar. La prontitud permite detenerse antes de pasar de largo. La lentitud concede a lo observado la oportunidad de mostrar más de lo que ofreció en el primer instante.

Una explicación apresurada puede cerrar ese espacio. “Eso ya lo conozco”. “Eso no sirve”. “Así se ha hecho siempre”. Cada expresión puede tener razones atendibles, pero también puede impedir que reconozcamos una relación que todavía no habíamos visto.

Considerar exige permanecer el tiempo suficiente para que nuestras primeras explicaciones puedan cambiar.

Esta disposición puede comenzar ante cosas muy sencillas. Una voz cercana pronuncia un refrán: “Camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. Las palabras ofrecen una escena, aunque su alcance todavía resulte difícil de comprender.

Quien permanece con la expresión empieza a percibir relaciones entre reposo, movimiento, atención y aquello que nos lleva. Otras circunstancias irán acercándose a esa escena. El dicho vuelve a aparecer en una decisión, una oportunidad perdida, una distracción o una actividad que siguió su curso mientras alguien dejó de atenderla.

Su sentido adquiere profundidad mediante esos encuentros. Las palabras auxilian a los contextos y los contextos auxilian a las palabras.

Algo semejante puede suceder cuando observamos una actividad cuyo oficio desconocemos. No hace falta comprender de inmediato toda la preparación de quien la ejecuta para advertir que ahí ocurre algo digno de atención. Podemos reconocer una secuencia, una dependencia o una manera de disponer elementos. Podemos percibir el efecto antes de conseguir explicar el procedimiento.

Lo observado permanece entonces con nosotros, todavía incompleto.

Años después, otra experiencia puede proporcionarle un contexto. Una dificultad en una máquina, una conversación entre departamentos, una decisión que se demora o una herramienta que obliga a realizar movimientos innecesarios. Algo de lo antiguo vuelve a hacerse presente bajo una relación nueva.

De ahí una invitación:

¿Buscas un algo nuevo? Búscalo en un algo viejo.

Una experiencia anterior puede contener relaciones que aún no habíamos conseguido expresar. Al aproximarla a otra circunstancia encontramos algo que ninguna de las dos mostraba con la misma claridad por separado.

En mi caso, intento reconocer este proceso dentro de lo que llamo conciencia: ciencia en mí, conmigo. Lo experienciado continúa participando en mi manera de percibir. No siempre aparece como un conocimiento al que recurro deliberadamente. En ocasiones, una situación presente lo convoca y simplemente encuentro una relación que antes no podía formular.

Reconstruir cómo se formó esa disposición requiere cuidado. No recuerdo cada detención de mi mirada ni puedo señalar un origen único. Puedo, sin embargo, reconocer una continuidad entre el asombro ante ciertas voces, la curiosidad por los mecanismos y la necesidad de comprender cómo unas cosas participan en otras.

Esa continuidad importa cuando entramos al trabajo.

Una organización dispone buena parte de la atención de sus integrantes. Establece funciones, prioridades, procedimientos y resultados esperados. Gracias a ese marco, una persona puede concentrarse, adquirir precisión y desarrollar un conocimiento profundo de su actividad.

Pero el marco también puede dejar relaciones fuera de la mirada. Un departamento observa su resultado; otro, el suyo. Entre ambos circulan materiales, información, compromisos y decisiones que quizá ninguno alcanza a considerar por completo.

Quien trabaja por cuenta propia suele necesitar una apertura distinta. Debe reconocer necesidades, comprender situaciones cambiantes y encontrar dónde puede aportar. Lo que descubre amplía sus capacidades; esas capacidades modifican lo que podrá reconocer después.

Estas disposiciones también pueden convivir dentro de una empresa. Una avería obliga a mirar más allá del procedimiento. Una excepción revela una dependencia desconocida. Un trabajador encuentra una dificultad que el registro habitual no recoge.

La pregunta es qué ocurre con aquello que encuentra.

¿Tiene ocasión de mostrarlo? ¿Puede relacionarlo con otras funciones? ¿Hay alguien dispuesto a considerarlo antes de reducirlo a una queja, una distracción o un asunto ajeno?

Aquí comienza una de las exploraciones de The Tailoring Approach: comprender cómo están dispuestas las relaciones y cómo pueden hacerse visibles para quienes participan en ellas.

El procedimiento tendrá que ayudarnos a recuperar experiencias, reconocer sus elementos y acercar contextos donde sus relaciones puedan examinarse. También deberá permitir que una primera explicación sea corregida por lo que encontremos después.

Eso requiere tiempo, pero un tiempo con dirección: observar, formular, contrastar y probar. El discernimiento madura también al poner sus hallazgos a trabajar.

Este primer escrito nace desde ahí. Desde una mirada que se detiene, concede espacio y comienza a encontrar.

Antes de decidir qué debemos cambiar, conviene descubrir qué está sucediendo entre las cosas que tenemos enfrente. A veces, una relación apenas advertida abre una posibilidad que llevaba mucho tiempo a nuestro alcance.

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